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Cómo matar mexicanos en masa

Hace unos días leía la declaración del creador del famoso juego de retos La Ballena Azul, que se parece bastante a la película Nerve, pero sin que te paguen.

Este chico ruso decía que creó el juego para hacer una limpieza de la sociedad y me parece que fue listo, no sé ustedes pero yo he pensado en también hacer limpieza. Hay personas y sus acciones que te hacen sacar ese asesino que llevas dentro. Bueno, a mí me pasa. Así que aquí están mis opciones de mis formas de asesinato.

  1. Con muestras gratis. Como el título lo dice, es para matar mexicanos y aceptemos que somos muy gorrones. Podríamos regalar comida envenenada a miles de personas y lograríamos nuestro cometido. Hemos visto en Facebook los memes sobre ir a los supermercados sólo a comer muestras de los productos.
  2. Campañas de salud. Creo que esta es la mejor opción, a todos nos vacunan contra distintas virus y enfermedades. Tal vez con la vacuna contra la Influenza lograrían matar a la mayoría de mexicanos.
  3. Con el agua del metro. Esta es mi favorita. En los transbordos entre líneas en las estaciones de metro hay ventiladores que rocían un agua, me imagino que para refrescarnos, así que esa agua podría contener un fuerte veneno.

Pues estas son mis opciones favoritas para ser asesina, claro, son sólo suposiciones. Aunque la forma en la que la sociedad está actuando, las situaciones del mundo creo que sí es necesario una “limpieza social”, aunque ¿qué le pasa a los niños para creer en esas cosas? O sea, en Nerve mínimo ganaban dinero, aquí nada.

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Political

La roja Antequera

–Estamos en guerra– decía mi mamá mientras escuchaba por el radio a un reportero jadeando de tanto correr.

“Hay un helicóptero sobrevolando y están aventando gases lacrimógenos” decía con voz entre cortada.

–Tienes razón, esto es una guerra– confirmó mi hermano.

Mi papá no estaba. Pero recordé que cuando dormíamos, sonó el teléfono. Recuerdo la voz de mi papá que le decía a mi mamá algo y ella decía “chin” con voz preocupada.

Era 14 de junio del 2006, la radio comunicaba que miles de profesores había sido desalojados por policias  del zócalo capitalino. Ulises Ruiz Ortiz, gobernador en ese entonces había dado la orden. Mas no dio la orden a la gente de Oaxaca para ayudar a los maestros.

–No teníamos a dónde correr, había policías por todas partes, estaba con mis compañeras hasta que nos metimos a la facultad de Derecho– dice Ana, profesora de educación indígena. –estábamos un montón de maestros en la facultad pero nos fue peor, tooodo el gas que aventaron nos cayó, no dejábamos de toser y llorar.– continua.

A los profesores que apenas tienen pocos años de servicio, los obligan a quedarse a los plantones, a dormir, comer, todo, a cambio de tener puntos que les beneficiarán con los años. Así como Ana, hay muchos.

Todo el día se escuchó cómo volaban los helicópteros por toda la ciudad, aunque el sonido no impedía que todos en sus casas supieran lo que pasaban.

Eran las seis de la tarde cuando llegó mi papá. Llevaba su camisa en la mano, sucia, al igual que la camiseta, sus ojos lloraban y me di cuenta que había estado ahí, en la guerra, como decía mi mamá.

–La gente se unió, me encontré a varios compañeros, aunque al final los perdí. Señoras llegaron a darnos de comer. Está todo muy feo. Las casas de campañas destruidas, bajó un helicóptero y ahí iba un policía con su rifle listos para matarnos. Todos los maestros corrían, maestras con sus bebés. Qué poca madre tienen, los agarraron durmiendo. Dicen que sí habían escuchado que los iban a desalojar pero no creyeron.

–Qué poca madre tiene el pinche URO, me cae.– repetía una y otra vez.

Y sí, qué poca madre tuvo aunque logró algo: poner a todo Oaxaca en su contra y eso sí estuvo poca madre.

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