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La generación millenial se apodera de la Secretaría de Hacienda

Este trabajo lo hice para el Taller de Redacción Periodística en Taller Arteluz. Debíamos hacer una nota falsa, pero con datos reales. Aquí el resultado:

Por: Ana Lilia Pacheco Bautista

10 de diciembre de 2017

El pasado 27 de noviembre, el presidente Enrique Peña Nieto anunció la renuncia de José Antonio Meade a la Secretaría de Hacienda, en su lugar entra Ana Lilia Pacheco Bautista, una joven de 24 años originaria del estado de Oaxaca.

Ana no podía dejar de sonreír en el momento que el presidente la presentaba, además de que grabó toda la presentación, la cual pueden encontrar en su cuenta de Instagram (anapb05).

Al tomar el micrófono, Pacheco estaba roja como tomate, pues en sus palabras “siempre he tenido problemas al hablar en público, como usted, señor presidente”. Declaración con la cual quitó la tensión del momento e hizo reir a los asistentes. En su discurso habló de su compromiso con el país y el gobierno que le daba la oportunidad.

Además, comentó que hizo su servicio social en la Secretaría de Gobernación, por lo que ya conocía cómo se trabaja en el gobierno. Al final comentó que quizá es muy joven y tiene la etiqueta de millenial, pero que al igual que el canciller Luis Videgaray, ella viene a aprender y lo ve como una bonita experiencia.

 

¿Quién es la nueva secretaria de hacienda?

Ana Lilia egresó en julio de 2016 de la carrera de ciencias de la comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana, presentando su tesis “Coaliciones electorales y campaña política. El caso Oaxaca 2010” con lo que llamó la atención al presidente para colocarla en este puesto.

Pacheco es hija de dos profesores pertenecientes al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, quienes durante el conflicto magisterial del año 2006 en Oaxaca estuvieron muy involucrados. Incluso Ana iba a los plantones y marchas, por lo que su experiencia en asuntos políticos comienza ahí.

Ana hizo sus estudios tanto básico como superior en escuelas públicas, pero tuvo clases extracurriculares en escuelas privadas por lo que está muy apegada a las diferentes clases sociales de este país.

A los 18 años, Ana Lilia comenzó a vivir sola con el objetivo de realizar sus estudios de universidad. Al hacer esto, tuvo que comenzar a administrar sus recursos con lo que demuestra que es apta para este cargo en la Secretaría de Hacienda.

Como todo millenial, Ana le gustan mucho los conciertos y viajar, por lo que el 80% de sus ingresos se los dedica a estas recreaciones, mientras que el otro 20% es para comida, pasaje, renta, entre otros servicios de primera necesidad.

Antes de tomar este puesto, Ana Lilia trabajaba como redactora para un programa de radio llamado Eddy Warman de noche, donde los temas que se abordan son de estilo de vida, pero también historia y economía, con los que Ana se está familiarizando para este puesto.

Ahí trabaja por honorarios, y de acuerdo con el Servicio de Administración Tributaria (SAT), Ana se inscribió en el mes de junio, pero desde el septiembre no ha hecho su declaración.

Desde su presentación, Ana ha estado haciendo videos en Periscope, Facebook live e Instagram donde muestra su oficina, las juntas que ha tenido con otros secretarios y selfies en los pinos, pero de su trabajo aún no hemos visto nada.

 

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Political

La roja Antequera

–Estamos en guerra– decía mi mamá mientras escuchaba por el radio a un reportero jadeando de tanto correr.

“Hay un helicóptero sobrevolando y están aventando gases lacrimógenos” decía con voz entre cortada.

–Tienes razón, esto es una guerra– confirmó mi hermano.

Mi papá no estaba. Pero recordé que cuando dormíamos, sonó el teléfono. Recuerdo la voz de mi papá que le decía a mi mamá algo y ella decía “chin” con voz preocupada.

Era 14 de junio del 2006, la radio comunicaba que miles de profesores había sido desalojados por policias  del zócalo capitalino. Ulises Ruiz Ortiz, gobernador en ese entonces había dado la orden. Mas no dio la orden a la gente de Oaxaca para ayudar a los maestros.

–No teníamos a dónde correr, había policías por todas partes, estaba con mis compañeras hasta que nos metimos a la facultad de Derecho– dice Ana, profesora de educación indígena. –estábamos un montón de maestros en la facultad pero nos fue peor, tooodo el gas que aventaron nos cayó, no dejábamos de toser y llorar.– continua.

A los profesores que apenas tienen pocos años de servicio, los obligan a quedarse a los plantones, a dormir, comer, todo, a cambio de tener puntos que les beneficiarán con los años. Así como Ana, hay muchos.

Todo el día se escuchó cómo volaban los helicópteros por toda la ciudad, aunque el sonido no impedía que todos en sus casas supieran lo que pasaban.

Eran las seis de la tarde cuando llegó mi papá. Llevaba su camisa en la mano, sucia, al igual que la camiseta, sus ojos lloraban y me di cuenta que había estado ahí, en la guerra, como decía mi mamá.

–La gente se unió, me encontré a varios compañeros, aunque al final los perdí. Señoras llegaron a darnos de comer. Está todo muy feo. Las casas de campañas destruidas, bajó un helicóptero y ahí iba un policía con su rifle listos para matarnos. Todos los maestros corrían, maestras con sus bebés. Qué poca madre tienen, los agarraron durmiendo. Dicen que sí habían escuchado que los iban a desalojar pero no creyeron.

–Qué poca madre tiene el pinche URO, me cae.– repetía una y otra vez.

Y sí, qué poca madre tuvo aunque logró algo: poner a todo Oaxaca en su contra y eso sí estuvo poca madre.

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